viernes, 6 de octubre de 2017

Política, objetividad, comunicación y vida pública

Si bien la objetividad absoluta no existe, ver las noticias políticas de mi país, sumado a los comentarios de ciudadanos en redes sociales, me muestra que la opinión del ser humano baila siempre a conveniencia. NO importa que nos vista un rol de periodistas, donde la ética nos invita a buscar la objetividad y respeto, o si somos personajes, o funcionarios públicos o ciudadanos. Las emociones y los intereses priman siempre por encima de cualquier intento de objetividad.

Intentaré que esto que escribo si busque esa palabra tan perdida: OBJETIVIDAD, con la claridad de que es imposible la objetividad absoluta.

Por otro lado, sumado a la falta de objetividad, está la carencia de análisis que hacemos los ciudadanos frente a los medios y redes, dejándonos llevar por las emociones propias del momento, y los intereses de otros.

En los últimos dos días ha estado en la picota pública las declaraciones del Concejal de Medellín Santiago Jaramillo. No hay que ser el más profundo filósofo para darse cuenta de la incoherencia de sus palabras. Críticas mil, pero ¿Quién votó por él? ¿Votaron por él, por una propuesta o por un partido? ¿Quiénes están sentados hoy en el Concejo velando por que se haga una buena gestión por el bien de Medellín?

No voy a centrarme en el Concejal, quien sin duda hoy como persona necesita acompañamiento, al igual que su familia, pues la carta abierta enviada por su esposa intentando defenderlo ratifica que hay problemas de fondo. ¿Y qué persona no tiene situaciones a resolver? Sin embargo esto no es excusa para tener sentado a alguien que habla con la lucidez más asociada a los alucinógenos que a la razón. No puedo dar fe de si consume o no, pero sin duda la situación es perfecta para mostrársela a los jóvenes que creen que las drogas no afectan el cerebro y la razón. Por eso me parece pertinente y razonable el comunicado de su partido en el que además de suspenderlo, invita a un acompañamiento médico, preocupados por su salud física y mental.

Pero este es un hecho concreto, fabuloso para quienes hoy están con todas las pilas puestas para las campañas electorales. Como decimos en la calle, se dio papaya. Claro que mi invitación es a que vayamos más allá, pues hoy es un partido el que ve afectada su imagen por el actuar de un individuo, pero esto le aplica a todos. Y hablo de partidos, pero me pregunto, ¿Nosotros si votamos por partidos, por personas o por propuestas?

Estoy convencida que cuando le damos la carga de un partido a una persona, sea cual sea, le hacemos daño a los procesos de desarrollo de un país. Es ahí donde endiosamos o satanizamos colectivos en cabeza de uno, y dejamos de mirar quienes hacen equipo. Tal vez de esta manera llegó Santiago al Concejo, no sé. La verdad lo vine a conocer cuando lo nombraron concejal, nunca vi su propuesta. Pero si llegó como dicen algunos, “hay que votar por el que diga Uribe”, no habría que sorprendernos de los resultados. Y no porque lo diga él o no, es porque así no se vota. ¿Así llegó Santiago? Me parece algo peligrosísimo, entre otras porque lo que yo he visto en la historia del Centro Democrático es que no siempre el de mayor afecto del expresidente es el que es candidatizado.

Pero esto ocurre en todos los partidos, solo que el expresidente sin duda es un personaje que para bien o para mal se hace notar, algo que aprovechan tanto su partido y como sus rivales políticos. Como todo en la vida, y gracias a la flexibilidad de la comunicación, todo puede ser usado a favor o en contra, según sea el interés, pues como yo digo, la comunicación es el arte de la manipulación, lo que no siempre quiere decir que sea incorrecto, pues el solo elegir que me pongo o no para conquistar a alguien, ya está manipulando la comunicación no verbal con el objetivo que me haya planteado para mi conquista.

Viendo esta situación ratifico mi teoría, y aunque sé que el panorama político invita más a la guerra que a la propuesta, insisto que deberíamos cambiar de caminos comunicativos, y bajo la sombrillas de cualquier partido político, recuperemos las propuestas que realmente le apunten al desarrollo sostenible de nuestros territorios, y sobre la que más nos identifiquemos, miremos quienes son las personas que pretenden sacarlas adelante, y votar cuando realmente sintamos que el político de turno si tenga las capacidades para trabajar en pro de esa propuesta.
¿Soñadora? Sí, pero así así suelo elegir por quien voto, y aunque también me equivoco al ver el paso del cuento de la campaña a la práctica, si creo que es un voto un poco más responsable, pues la culpa de lo que pasa en este país no es de los políticos o de la administración de turno, es también de los que votamos y de los que no, pues hacemos parte del proceso.

Por eso burlarse de un concejal desatinado, es otra forma de reírnos de nosotros mismos, más si no hicimos parte de un proceso acudiendo a las urnas, o votando solo porque alguien me dijo.
En esta historia me encuentro algo también muy preocupante, pues si bien los problemas de comunicación no son solo de los comunicadores, pues la comunicación es inherente al ser humano, si deberíamos ser los comunicadores los más prudentes, pues nos llaman para asesorar imagen, reputación y comunicación de personas e instituciones, y para ello debemos trabajar mucho en nuestra inteligencia emocional.

Vanesa Palacio, la Directora del noticiero de Telemedellín, en medio del discurso del concejal, emitió un trino burlón y despectivo, con un comentario aparentemente inocente, y digo aparentemente, porque estoy segura que quienes vimos las imágenes y no nos reímos públicamente en redes,  si pudimos hacer algún comentario en privado. Sin duda la situación ameritaba comentario. Pero se nos olvida la responsabilidad social que tienen los medios, y nos dejamos llevar por las emociones.
Me duele en el alma cada que los medios castigan, juzgan y manipulan abiertamente la opinión, sin el más mínimo cuidado de intentar mostrarse objetivos. Me duele, por ejemplo que titulemos Venezolano entre los atracadores de… Y escucha uno la noticia y la banda eran 9 colombianos y un venezolano, no nos damos cuenta del daño social que hacemos, sumándole en este casos a los venezolanos un problema más de los que ya tienen como comunidad; y fácilmente a esa noticia la puede seguir otra en la que se cuestione racismo contra colombiana en x país.

Doy esta vuelta para decir que debemos entender el poder que tiene la palabra, y aunque en este caso la comunicadora se disculpó diciendo entre otras cosas, que la opinión era personal y no institucional, debemos entender que cualquier funcionario es persona, por lo tanto integral, y así estemos en nuestro día de descanso, toda actividad pública la entienden las audiencias como institucional.  No en vano, a cualquier ciudadano del común le revisan las redes en los procesos de selección, para entender qué ser humano es el que se va a contratar, el que va a tomar decisiones y en ocasiones hablar en nombre de la empresa. Yo no soy comunicadora de 7 am a 7 pm y luego soy Carolina, soy Carolina todo el día, ejerciendo diferentes roles.


Comencé hablando de objetividad, pasando por reputación y cierro hablando de la inteligencia emocional en la comunicación, tal vez porque simplemente quería expresar mi sentir frente a varios hechos, pero también porque quiero llamar la atención a que debemos ser más responsables con lo que hacemos y decimos, entender que en una sociedad todo se entrelaza, donde la educación en la casa influye en lo que vemos en la calle, donde votar por alguien nos hace responsables también de lo que ellos hacen, y que es momento de comenzar a empoderarnos de lo que hacemos y decimos para poder lograr una transformación de verdad en nuestra sociedad, que a ratos, y más si nos basamos en lo que leemos en redes o en medios, es bien desesperanzadora. Nos llegó la hora de asumir lo que a cada uno nos corresponde. 

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