martes, 17 de octubre de 2017

El verdadero post conflicto es responsabilidad de todos

Una de mis palabras favoritas es la corresponsabilidad. Y es una de la que menos aplicamos en la vida diaria, y si hablamos de post conflicto....
Somos  muchos los profesionales los que podemos aportar desde nuestra cotidianidad a un trabajo responsable. Por eso me parece valiosa la oferta de la Universidad de la Sabana, de un diplomado virtual. Vale la pena prepararnos todos, no solo el gobierno, para construir paz.
Comparto por aquí esta información


Por el entendimiento de la construcción de la Paz, Unisabana formará a profesionales

El 16 de octubre de 2017, la Universidad de La Sabana desarrollará un diplomado virtual denominado “Gestión para la Construcción de Paz y del Postconflicto”, como una formación e-learning para entender mejor el proceso de construcción de paz en Colombia.

De la mano de importantes politólogos y abogados de Colombia, los participantes podrán obtener las herramientas para entender que una cosa es la firma de acuerdos y otra cosa es el proceso de construcción de paz.



Bogotá D.C., octubre de 2017. En el marco de los procesos de paz entre el Gobierno Nacional y las guerrillas de las FARC y el ELN, el país enfrentó un escenario de polarización social y política que suscita enormes retos para las distintas iniciativas de superación de las causas de la violencia en Colombia.

Es así como la Universidad de La Sabana en su compromiso con la paz, diseñó un diplomado virtual denominado: Gestión para la Construcción de Paz y del Postconflicto ya que el país requiere de profesionales que cuenten con elementos para la construcción de la paz, con sensibilidad al conflicto y al trabajo de poblaciones vulnerables y con capacidad de incidencia en las políticas públicas que permitan la transición del conflicto a la paz.

Santiago Martínez Castilla Politólogo de la Universidad de Los Andes, y docente de Diplomado, comenta que este país, necesita un ejercicio de construcción de paz y de reconciliación sin importar el color político que lo geste. “Hasta ahora el Gobierno se encuentra en un proceso de hacer las paces con uno de los principales actores del conflicto armado en Colombia (las FARC), pero el punto central es materializar el acuerdo de paz al que llegaron las partes y CONSTRUIR la PAZ, por lo tanto todo lo que redunde en un mejor entendimiento del mismo es importante para nosotros, es decir para el país”, agregó.

El Diplomado Gestión para la Construcción de Paz y del Postconflicto es un programa e-learning bajo modalidad 100% virtual que se desarrollará en 8 módulos con las siguientes tempaticas:
·        Conflicto y construcción de paz.
·        La paz y la violencia en la historia de Colombia
·        Ética y razón en la humanización del conflicto
·        Justicia transicional y paz.
·        Procesos de paz entre el Gobierno, las guerrillas de las Farc y el ELN
·        Conflicto armado e impactos ambientales en Colombia y en Latinoamérica: perspectiva comparada.
·        Participación ciudadana y la construcción de paz.
·        Gestión de proyectos en la construcción de paz.

Aunque tradicionalmente este tipo de temáticas se tratan en ambientes presenciales, la universidad ha logrado adaptar el programa en modalidad virtual a través de los siguientes recursos: video de aprendizaje, recurso de autoformación (OVA), lecturas de estudio, recursos complementaros, foro semanal, clases en Vivo y quiz online.

Mayores informes en: www.virtual.unisabana.edu.co

Saludos
María Angélica Álvarez

viernes, 6 de octubre de 2017

Política, objetividad, comunicación y vida pública

Si bien la objetividad absoluta no existe, ver las noticias políticas de mi país, sumado a los comentarios de ciudadanos en redes sociales, me muestra que la opinión del ser humano baila siempre a conveniencia. NO importa que nos vista un rol de periodistas, donde la ética nos invita a buscar la objetividad y respeto, o si somos personajes, o funcionarios públicos o ciudadanos. Las emociones y los intereses priman siempre por encima de cualquier intento de objetividad.

Intentaré que esto que escribo si busque esa palabra tan perdida: OBJETIVIDAD, con la claridad de que es imposible la objetividad absoluta.

Por otro lado, sumado a la falta de objetividad, está la carencia de análisis que hacemos los ciudadanos frente a los medios y redes, dejándonos llevar por las emociones propias del momento, y los intereses de otros.

En los últimos dos días ha estado en la picota pública las declaraciones del Concejal de Medellín Santiago Jaramillo. No hay que ser el más profundo filósofo para darse cuenta de la incoherencia de sus palabras. Críticas mil, pero ¿Quién votó por él? ¿Votaron por él, por una propuesta o por un partido? ¿Quiénes están sentados hoy en el Concejo velando por que se haga una buena gestión por el bien de Medellín?

No voy a centrarme en el Concejal, quien sin duda hoy como persona necesita acompañamiento, al igual que su familia, pues la carta abierta enviada por su esposa intentando defenderlo ratifica que hay problemas de fondo. ¿Y qué persona no tiene situaciones a resolver? Sin embargo esto no es excusa para tener sentado a alguien que habla con la lucidez más asociada a los alucinógenos que a la razón. No puedo dar fe de si consume o no, pero sin duda la situación es perfecta para mostrársela a los jóvenes que creen que las drogas no afectan el cerebro y la razón. Por eso me parece pertinente y razonable el comunicado de su partido en el que además de suspenderlo, invita a un acompañamiento médico, preocupados por su salud física y mental.

Pero este es un hecho concreto, fabuloso para quienes hoy están con todas las pilas puestas para las campañas electorales. Como decimos en la calle, se dio papaya. Claro que mi invitación es a que vayamos más allá, pues hoy es un partido el que ve afectada su imagen por el actuar de un individuo, pero esto le aplica a todos. Y hablo de partidos, pero me pregunto, ¿Nosotros si votamos por partidos, por personas o por propuestas?

Estoy convencida que cuando le damos la carga de un partido a una persona, sea cual sea, le hacemos daño a los procesos de desarrollo de un país. Es ahí donde endiosamos o satanizamos colectivos en cabeza de uno, y dejamos de mirar quienes hacen equipo. Tal vez de esta manera llegó Santiago al Concejo, no sé. La verdad lo vine a conocer cuando lo nombraron concejal, nunca vi su propuesta. Pero si llegó como dicen algunos, “hay que votar por el que diga Uribe”, no habría que sorprendernos de los resultados. Y no porque lo diga él o no, es porque así no se vota. ¿Así llegó Santiago? Me parece algo peligrosísimo, entre otras porque lo que yo he visto en la historia del Centro Democrático es que no siempre el de mayor afecto del expresidente es el que es candidatizado.

Pero esto ocurre en todos los partidos, solo que el expresidente sin duda es un personaje que para bien o para mal se hace notar, algo que aprovechan tanto su partido y como sus rivales políticos. Como todo en la vida, y gracias a la flexibilidad de la comunicación, todo puede ser usado a favor o en contra, según sea el interés, pues como yo digo, la comunicación es el arte de la manipulación, lo que no siempre quiere decir que sea incorrecto, pues el solo elegir que me pongo o no para conquistar a alguien, ya está manipulando la comunicación no verbal con el objetivo que me haya planteado para mi conquista.

Viendo esta situación ratifico mi teoría, y aunque sé que el panorama político invita más a la guerra que a la propuesta, insisto que deberíamos cambiar de caminos comunicativos, y bajo la sombrillas de cualquier partido político, recuperemos las propuestas que realmente le apunten al desarrollo sostenible de nuestros territorios, y sobre la que más nos identifiquemos, miremos quienes son las personas que pretenden sacarlas adelante, y votar cuando realmente sintamos que el político de turno si tenga las capacidades para trabajar en pro de esa propuesta.
¿Soñadora? Sí, pero así así suelo elegir por quien voto, y aunque también me equivoco al ver el paso del cuento de la campaña a la práctica, si creo que es un voto un poco más responsable, pues la culpa de lo que pasa en este país no es de los políticos o de la administración de turno, es también de los que votamos y de los que no, pues hacemos parte del proceso.

Por eso burlarse de un concejal desatinado, es otra forma de reírnos de nosotros mismos, más si no hicimos parte de un proceso acudiendo a las urnas, o votando solo porque alguien me dijo.
En esta historia me encuentro algo también muy preocupante, pues si bien los problemas de comunicación no son solo de los comunicadores, pues la comunicación es inherente al ser humano, si deberíamos ser los comunicadores los más prudentes, pues nos llaman para asesorar imagen, reputación y comunicación de personas e instituciones, y para ello debemos trabajar mucho en nuestra inteligencia emocional.

Vanesa Palacio, la Directora del noticiero de Telemedellín, en medio del discurso del concejal, emitió un trino burlón y despectivo, con un comentario aparentemente inocente, y digo aparentemente, porque estoy segura que quienes vimos las imágenes y no nos reímos públicamente en redes,  si pudimos hacer algún comentario en privado. Sin duda la situación ameritaba comentario. Pero se nos olvida la responsabilidad social que tienen los medios, y nos dejamos llevar por las emociones.
Me duele en el alma cada que los medios castigan, juzgan y manipulan abiertamente la opinión, sin el más mínimo cuidado de intentar mostrarse objetivos. Me duele, por ejemplo que titulemos Venezolano entre los atracadores de… Y escucha uno la noticia y la banda eran 9 colombianos y un venezolano, no nos damos cuenta del daño social que hacemos, sumándole en este casos a los venezolanos un problema más de los que ya tienen como comunidad; y fácilmente a esa noticia la puede seguir otra en la que se cuestione racismo contra colombiana en x país.

Doy esta vuelta para decir que debemos entender el poder que tiene la palabra, y aunque en este caso la comunicadora se disculpó diciendo entre otras cosas, que la opinión era personal y no institucional, debemos entender que cualquier funcionario es persona, por lo tanto integral, y así estemos en nuestro día de descanso, toda actividad pública la entienden las audiencias como institucional.  No en vano, a cualquier ciudadano del común le revisan las redes en los procesos de selección, para entender qué ser humano es el que se va a contratar, el que va a tomar decisiones y en ocasiones hablar en nombre de la empresa. Yo no soy comunicadora de 7 am a 7 pm y luego soy Carolina, soy Carolina todo el día, ejerciendo diferentes roles.


Comencé hablando de objetividad, pasando por reputación y cierro hablando de la inteligencia emocional en la comunicación, tal vez porque simplemente quería expresar mi sentir frente a varios hechos, pero también porque quiero llamar la atención a que debemos ser más responsables con lo que hacemos y decimos, entender que en una sociedad todo se entrelaza, donde la educación en la casa influye en lo que vemos en la calle, donde votar por alguien nos hace responsables también de lo que ellos hacen, y que es momento de comenzar a empoderarnos de lo que hacemos y decimos para poder lograr una transformación de verdad en nuestra sociedad, que a ratos, y más si nos basamos en lo que leemos en redes o en medios, es bien desesperanzadora. Nos llegó la hora de asumir lo que a cada uno nos corresponde. 

miércoles, 16 de agosto de 2017

Fletero HP, es lo primero que pensé

Imagen de las cámaras de seguridad,
donde encuentran mi vehículo en la búsqueda
del delincuente a través del sistema de seguridad
de Medellín
No puedo empezar de otra manera que decir que tengo una putería ni la hp. Y me excuso con quienes me leen, que además saben que no suelo decir groserías, pero no sé cómo más expresar lo que siento, y no es solo por lo que me han robado, tengo rabia de ver lo que pasa en esta sociedad, y que no reaccionamos para entender que solo si todos aportamos y asumimos las responsabilidades propias, podremos cambiar y mejorar muchas cosas.

Por más que queramos ser optimistas, es imposible esconder que en mi bella ciudad se vienen incrementando diferentes problemáticas de seguridad. Y no son rumores, la semana pasada atracaron a mi hijo y a su novia, hoy un fletero me abordó y cuando llego a Tigo para bloquear el celular y pedir otra sim, las dos personas delante de mí, llegaban por la misma razón. No puede ser más grande el ego que una realidad para negar lo que pasa. Reconocer no nos hace menos, nos hace valientes, sobre todo si asumimos estas realidades.

A eso de las 5:15 de la tarde, me subí al carro después de tanquear, y dos cuadras más adelante, en un trancón absurdo,  me tocan la ventana con un revolver. Asombrosamente no me asusté, pero si  me dio rabia. De hecho mi reacción fue preguntarle “¿Es en serio? Mientras corría el celular en la silla del copiloto. Ni abrí de una la ventana, ni corrí a entregarle el cel.

Son segundo, pero alcancé a mirar a mi alrededor, para ver si podía arrancar mi vehículo, pero incluso no sé cómo logró pararse la moto a mi lado, pues en la vía habían autos parqueados al lado y lado, lo que limitaba el espacio de quienes pretendíamos ir en movimiento.

Mientras hacía tiempo repitiendo la pregunta: ¿es en serio?, este joven de unos 19 años, piel morena, muy delgado con una camiseta café. No era muy alto porque solo apoyaba una de sus piernas el piso, con cabello medio abundante negro, de un crespo suelto y rasgos muy definidos en su rostro, que salió a hacer su “vuelta” sin casco, por lo que deduzco que no vive muy lejos o sabe muy bien como evadir las cámaras; actuaba muy mecanizado y algo nervioso. De hecho sus movimientos iban a otro ritmo de sus palabras. Tocó la ventana con el revólver y de una lo guardó entre su pantalón, bajo el ombligo. Cuando aún no terminaba de pedirme que le entregara lo que tenía.

Mientras tanto yo le preguntaba una tercera vez: ¿es en serio? Amagó con arrancar, cuando se dio cuenta que no le había entregado nada, pero ya mis manos abrían la ventana para entregarle el celular cuando me dijo: “Entrégueme pues lo que tiene o se la hago sonar”, me dijo, sin soltar  sus manos del acelerador como cuando se va a dar inicio al movimiento de la moto. No se cómo mi mente fue tan racional que alcanzó a analizar sus movimientos y el entorno, incluso para adelantar analizar que debía hacer una vez él se fuera.

Como no tenía forma de escapar, ni de tumbarlo con el carro, porque también lo pensé, reconozco,  le entregué lo que tenía en mis manos, el celular y un monedero, en ese momento mi mente ya pensaba que debía mirar la placa cuando se moviera y llamar de una al 123.  Placa de letras confusas terminada en 98B, a mi derecha una nomenclatura que indicaba que acababa de cruzar la carrera 53, y que yo iba sobre la calle 58. Revisaba su camiseta y su rostro pensando en que se iba y de una llamaba al 123 y la red de apoyo. Un obstáculo no me dejo ver la placa completa y tampoco vi cámara en el sitio, pero se había hecho la tarea.

Pero hombre, muy bien la panorámica de observación, pero como iba  a llamar si el celular me lo habían robado. Apenas se fue se me acercaron a mirarme los de otras motos, como averiguando el chisme. Pedí una llamada al 123, pero me la negaron. 2º minutos después logré informar el hecho que me había dejado llena de rabia.

No sé si es por ser mujer y tener la capacidad de tener no sé cuántos pensamientos por minuto, pero yo miraba ese niño y me moría de la rabia e impotencia por no poder aportar más para transformar esta sociedad, donde nada de lo que “yo hago” es malo, solo cuando lo hace el otro.

Es muy complejo sentirse inseguro en su propio entorno. Por eso uno de los valores que hay que trabajar para lograr transformar una cultura que le rinde culto a la violencia, que reconoce actos ilícitos como cotidianos, y donde se nos hace normal pagar una extorsión para “el cuidado del barrio”, es la confianza; confianza para caminar, confianza en nosotros mismos, confianza para reconocer y respetar al otro.

Y la confianza se logra entendiendo el día a día de nuestras familias y vecinos, así sean de barrios distintos. La inseguridad de Medellín no desaparece de un día para otro, ni con un helicóptero ni con más policía. Una ciudad segura no la logra ningún alcalde en específico.  Es algo de lo que me convenzo cada día más. SI queremos una transformación real debemos renovar nuestras creencias y conocimientos frente a la seguridad y la convivencia. Cosas que no se logran sobre un helicóptero,  encerrado en una oficina, o saliendo a perseguir a un par de delincuentes específicos.

Debemos partir de escuchar al otro con los cinco sentidos, lo que requiere un trabajo en las calles que genere un conocimiento específico de las dinámicas de cada comuna, porque aun el mismo delito se desarrolla de manera diferente en cada barrio. Una mayor intervención social que forme y sensibilice a la comunidad en las causas y consecuencias de las diferentes problemáticas, y donde sobre todo recordemos que el compromiso de la seguridad es de todos.

En estos días, mientras en el corregimiento de Altavista aparecen cada día nuevas historias que parecen más de una guerra, que de cualquier otra cosa, la Alcaldía de Medellín propuso una actividad institucional que se llamó “Yo abrazo a Altavista”, que si bien no resuelve el conflicto, si busca generar precisamente confianza, y eso me encanta. El problema es que estas actividades no deberían ser reactivas, sino permanente, de ahí la importancia de volver a darle una mirada complementaria a la seguridad, y no puede ser de otra forma que con intervenciones sociales de cara a la seguridad y la convivencia.

Por eso al ver a este joven, de no más de 19 años, que por el lugar de los hechos y las dinámicas delincuenciales en cercanías a ciertos corredores, seguro vive en un barrio no muy lejano al de ese niño que recuerdo a cada rato en la comuna 2, quien me dijo hace 4 años que a él no era que le gustara mucho estar en la cívica juvenil de la Policía, pero que si no estaba allí, se lo llevaban para la esquina.

¿Qué sería de la vida de este chico, si en vez de aprender de la “escuela de la calle”, hubiera tenido la oportunidad de estar en espacios donde mientras aprovechara el tiempo libre aprendiera de convivencia, seguridad, y valores?  Y es que las cívicas juveniles de la Policía son una opción que se puede fortalecer o complementar, pues trabajan con los menores a través de la música, de otros tipos de arte y el juego, para fortalecer y promover valores ciudadanos a partir de la promoción de la seguridad y la convivencia

Si bien no niego la importancia de la operatividad de nuestras fuerzas armadas para mantener el orden y atacar la delincuencia, los problemas de seguridad no se solucionan con más cámaras, más policías o más armas. Combatir la delincuencia es importante, sin duda, pero de la mano debe haber un trabajo para generar transformación social y una promoción de la corresponsabilidad.

Mientras no cambiemos formas de entender la dinámica de la inseguridad, donde la sociedad civil incluso sataniza en redes a quien ejerce el control social y al mismo tiempo se queja cuando se siente víctima y no encuentra a quien le pueda acompañar para a ejercer el mismo control del que en otro momento se quejó, no vamos a ver transformaciones reales.

Alguna vez un buen amigo me gozó un trino en el que ponía la palabra corresponsabilidad, y me decía que sonaba muy institucional, que esa no era una palabra de un ciudadano común. Y si, tiene razón, no es una palabra que usemos mucho, y menos que la apliquemos. Pero sin duda la corresponsabilidad es clave para todo proceso de transformación social, pero también es claro que es más fácil encontrar la corresponsabilidad cuando hay confianza. Con Corresponsabilidad y Confianza, sin duda construimos la verdadera paz en el campo y en La ciudad.

Por eso invito a las diferentes autoridades, no solo de Medellín donde sufrí tan incómodo suceso, sino a todos los que de alguna manera se puedan sentir aludidos por su trabajo institucional con el tema, a que trabajemos juntos por fortalecer o cambiar las bases en las que TODOS seamos responsables. Dejemos los egos a un lado y no ignoremos procesos que en otras administraciones venían aportando. Se vale construir sobre lo construido, y mejorar lo ya vivido. Y al ciudadano común que hoy me lee, también lo invito a conocer y vivir la palabra corresponsabilidad, no importa que no veamos a los otros que ya se nos hayan unido a esta invitación. Por mi parte en este hecho, lista mi denuncia, y la información del hecho a las autoridades, porque si bien no creo que aparezca el celular, lo que me sucedió a mi le sirve a la Policía para tomar acciones, capturar o prevenir .

Eso sí, concluyo mi texto agradeciendo al Gestor de Seguridad de la Alcaldía de Medellín en la comuna 10, y a la Policía Metropolitana, porque aunque no quedó grabado le hecho y me pude comunicar pasado un buen rato, el acompañamiento y reacción me recuerdan que en la institucionalidad si se puede confiar. Solo nos falta a los ciudadanos, aportar.